Versículo
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.”
Proverbios 4.23
Imagina por un momento, solo por un momento, que una gran tormenta se avecina amenazando todos tus preciados bienes materiales, dispones de un pequeño baúl, donde a los sumo, hay espacio para unas tres cosas, ¿Qué cosa quisieras salvar a costa de dejar todas las demás?
Para algunos puede ser una decisión fácil para otros no tanto, y eso nos habla de las prioridades que hemos forjado a través de nuestras creencias y valores.

Sin embargo a la luz de las cosas celestiales y terrenales, pocas cosas tienen trascendencia más allá de esta vida, las cosas materiales son temporales, disfrutamos su uso pasajero, pero las cosas espirituales, las invisibles, tienen una cualidad eterna, y según las Escrituras, nuestra actitud hacia ella define nuestra disposición final.
Cuantas “cosas” tenemos guardadas, dejamos bajo llave, en una caja de seguridad o debajo de nuestro colchón de dormir, pero por otra parte hemos descuidado aquellas que aun cuando son menos materiales no dejan de ser importantes, el proverbista inspirado nos pide que sobre todas aquellas cosas de valor que creamos resguardar, resguardemos nuestro corazón.
Resguardar nuestro corazón significa, poner atención en lo que vamos guardando dentro del baúl de nuestra alma, nótese el lenguaje figurado, qué cosas, como los sentimientos, personas, o actitudes vamos acumulando dentro de nuestro ser.
Los sentimientos negativos, el dolor de ser traicionado, el resentimiento, son cosas que no deben ser guardadas pues son raíces de amargura, estas al acumularse con el paso del tiempo, crecen dentro de nuestro corazón hasta desbordarse, y como el Maestro bien lo dijera “de la abundancia del corazón habla la boca” lo que hemos guardado eso mismo expresamos, si guardamos veneno damos veneno, veneno que también mata nuestra alma.

Somos los guardianes del tesoro que hay en nuestro corazón, conscientes de que también nuestra vida y eternidad dependen de aquello que atesoremos en él.
Reflexionemos
- Si hicieras un inventario de lo que hay dentro de tu corazón ¿Qué crees que encontraríamos?
- ¿Han dañado alguna vez tu corazón? ¿Cómo respondiste a esta situación?
- ¿Has dañado tu el corazón de alguien?