Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.

2 Corintios 4.7


Lo que hemos recibido.

No hay duda, cada cristiano ha recibido un regalo inmerecido, la salvación, por medio de un Dios que no necesito un motivo más que el amor a sus criaturas, para entregarse a si mimos, en un acto perfecto de amor, desmerecido por unas criaturas por demás desagradecidas.

Pero lejos de nuestras imperfecciones, nos hemos convertido en el objeto receptor de tan grandioso regalo, la luz del Evangelio, nos sorprendió su amor e iluminó la oscuridad que  nos rodeaba y dentro de la cual habitábamos, ahora somos hijos de luz, sin tener brillo propio, Dios no ha  llamado a ser Luz en este mundo de tinieblas.

La Vasija de Barro

Somos creación de Dios, nadie, en su sano sentido lo negaría, hemos visto la luz de la salvación, e irradiamos la luz de Cristo, pero no debemos olvidar ni por un momento que NO SOMOS LA FUENTE DE LA LUZ, Jesucristo dijo, vosotros sois la luz del mundo, en el sentido que nuestra función es iluminar a aquellos que todavía cruzan la oscuridad, pero así como la lámpara no es la luz, sino que solo es el medio para que llegue a su objetivo, así tampoco nosotros somos la fuente de la luz, sino el medio.

Un medio, una vasija que atesora esa luz, pero como medio, soy imperfecto, vulnerable, tosco, feo pero mi contenido es lo que da valor a mi existencia, Dios lo ha dispuesto de esta manera, no por su contenido esta vasija deja de ser frágil barro, y esto tiene una razón según lo que explica el apóstol Pablo en este versículo.

La Excelencia del poder de Dios.

Cuanto más humilde el cuenco, más poderosa la iluminación de Dios, la Gloria del poder del Creador se manifestó en medio de nuestras rudezas, y defectos, para que su luz brillara aún más con este contraste.

Hemos pues de cuidarnos de no confundir  el tesoro con la vasija, un corazón lleno de soberbio, está roto, y una vasija que no puede contener el propósito para el cual fe creado no sirve.

El propósito de Dios es que aun siendo como somos, imperfectos, valoremos lo que hemos recibido, no nos atengamos a nosotros mismos, pues no hay nada en nosotros que merezca alguna alabanza delante de nadie, sirvamos ,humildemente, reconociendo el tesoro que Dios depositó en nosotros, para su Gloria. Amén.

 

Melquisedec Ruano