Versículo:
“Jehová con sabiduría fundó la tierra; Afirmó los cielos con inteligencia. Con su ciencia los abismos fueron divididos, Y destilan rocío los cielos.”
(Proverbios 3.19-20)
No existe duda del arquitecto divino, cada vez que nuestros ojo se aperturan dan paso a la belleza de la creación, todos a una vez dando testimonio de la sabiduría y el poder de Dios.
¿Puede el hombre con su ciencia e inteligencia crear algo de igual valor? Igual definitivamente no, el hombre con su ciencia solo puede similar algo parecido, y aun así no es una creación propia de la mente humana, sino un replicar de la chispa creativa que Dios ha depositado en nosotros, ¿Cómo entonces puede el ser humano ser tan arrogante?
Seremos necios si ante tal evidencia contundente, preferimos alabarnos unos a otros, no tiene sentido, no tiene sabiduría.
Podrá el hombre dibujar hermosas cataratas, majestuosas, pero no podrá crear el agua que se desliza en el contorno sinuoso de un río, no podrá crear la fuerza de la gravedad que dirige el agua a caer graciosamente hasta el fondo del abismo.
La más humilde de las mariposas del campo, es un continuo recordatorio del poder y la sabiduría de Dios, es un complejo mecanismo viviente, un milagro que solo el poder de Dios es capaz de crear.
Hemos de seguir ciegos, sordos y mudos ante el mensaje de la creación, o seremos lo suficientemente humildes para darle la gloria y la alabanza al Dios todopoderoso.
Reflexionemos:
- ¿Te has detenido a descifrar el mensaje de la Creación?
- ¿Crees en realidad que la creación es un capricho del azar?
- ¿Cómo le damos la gloria al creador y arquitecto del universo?